El maldito Abono Transportes, que ha vuelto a subir este año, a pesar de que el carburante ha bajado. Una agenda de teléfonos, que un periodista sin agenda está perdido. El cartucho de tinta negra ha muerto y necesito imprimir los apuntes de septiembre (el de color por ahora no se queja, así que dejémosle tranquilo). Mi capricho del mes se reducirá a ponerme un segundo pendiente en la oreja, que he visto que en la farmacia hacen el agujero a muy buen precio. El tubo de pasta de dientes del bolso se ha quedado vacío y llevo una semana sin lavarme los dientes en horario laboral. Las Converse están hechas polvo y tendré que buscarles recambio por mucho cariño que les tenga. Los colegas se pasan de vez en cuando por casa aprovechando que el apartamento de mi padre en Ardid lo tengo para mí solo en verano; tendré que mirar unas cervezas, aunque sean de la marca blanca del súper, que no saben tan mal y hay que mirar el bolsillo. Las putas llamadas del móvil a la redacción cuando estoy "haciendo la calle" están inflando la factura hasta límites inéditos; me han dicho que con una fotocopia señalando las llamadas a redacción te ingresan los gastos en la cuenta, pero yo soy tan primo que la de este mes ya la he tirado a la basura. La alcachofa de la ducha se ha roto y -perdonen mi incultura en asuntos caseros- no sé dónde coño se compra una nueva. Con el calor empieza a haber cucarachas en el portal y las escaleras por las noches, llegando a aparecer alguna por casa; por suerte, el Cucal sí que sé dónde pillarlo. En redacción me sugierenaunquemelodicendemaneradirecta que me compre una grabadora digital por si salta la noticia incluso en horas no laborales y yo estoy presente para cubrir el suceso. Los fines de semana la cafetería de la radio está cerrada, aunque guardando las facturas te las reembolsan; pero claro, todo esto a final de mes. La librería -tres meses después- me ha conseguido ese libro que parecía imposible de conseguir porque estaba descatalogado; pero claro, no me avisaron de los 21 eurazos que costaba; sin embargo, el esfuerzo que han hecho es innegable y desembolso el importe a mi pesar. Me llaman de la bolsa de empleo de la universidad para avisarme que no he pagado la cuota anual y si no lo hago en breve no me podrán convalidar las prácticas. Sí, pertenezco a la que es posiblemente la única universidad española cuya bolsa de empleo y prácticas es de pago, a pesar de ser una universidad pública. Mi amiga Merche y mi amiga Faina me llaman insistentemente para que vaya a visitarlas a Córcova y a Revilla respectivamente, que siempre digo que lo haré y llevo tiempo sin cumplir la promesa; por enésima vez les digo que este mes sin falta. Descubro las marcas blancas del supermercado del barrio: la factura me sale hasta por un tercio de lo habitual, aunque sigo dudando de la calidad del producto por la asquerosa publicidad de las primeras marcas en la televisión. Para el papel higiénico prefiero cogerlo del servicio del trabajo, que ya bastante me explotan y debo beneficiarme de algo. Quisiera ir a algún concierto de la programación de verano de Ardid, pero unos conciertos que se suponen populares no pueden tener entradas de hasta 60-65 euros. Todavía debo 20 euros a Marcos de una noche en que me la cogí gorda y me tuvo que pagar el taxi de vuelta a Córcholis. Me niego a pagar un pastón por un CD de un cantante si seis meses tiene la cara de sacar una edición especial con dos canciones más y un DVD de regalo; para eso está el eMule, le pese a quien le pese. Ya no paso a las discotecas si son de pago; prefiero ir a un bar que no cobre mi presencia en un taburete; y beberé cerveza ante el riesgo de que me cobren 10 euros por una copa de garrafón. Tendré menos detalles con mis seres queridos y me permitiré cada vez menos placeres materiales hasta que llegue el punto en que deje de depender de ellos. Tengo que comprarme unas gafas de lejos porque las que tenía las perdí en la última película que vi en el cine con Telma; por suerte sólo las uso para clase y para conducir; a clase posiblemente no voy a volver, y el coche...

...el coche puede esperar. Al igual que una casita, las vacaciones de mi vida y todos mis deseos a corto plazo. Cuento con 300 euros al mes para 300 gastos. A fin de cuentas no estoy cobrando nada por una jornada de 10-13 horas diarias/ 4 días a la semana. Realmente estoy pagando por empezar a trabajar. Y he llegado a un punto en esta vida en el que en ciertos campos como el económico-profesional veo que me he dormido en los laureles, por así decirlo. En comparación con otros amigos que no han estudiado tanto como yo, pero ya van resolviendo ciertos trámites, me siento más crío. Es por eso que me he convertido en un tipo con prisas. Estoy muy lejos de ser el ciudadano medio acomodado. Y en parte me gusta, en parte no.