No me gusta usar topicazos a la hora de escribir, pero la vida a veces da giros de 180º en un período tan corto de tiempo que te sientes perdido, indefenso, sin saber cómo reaccionar ni a quién pedir explicaciones. Ya quisieran muchas películas tener los giros inesperados que me da a mí la vida.

El caso es que en mis primeros tres días libres de prácticas no hice apenas nada fuera de lo habitual. Lo bueno de mi horario de trabajo es que tienes tres días libres a la semana para descansar, en vez de dos como tienen la mayoría. Lo malo es que esos tres días no se encuentran dentro del fin de semana, por lo que los colegas están trabajando y el que está de vacaciones se encuentra a cientos de kilómetros de Córcholis. Quería salir por ahí, dar una vueltecita de estas tan reconfortantes, pero el cambio climático nos está quitando horas de calle y hasta eso de las ocho de la tarde no es recomendable salir de casa. Con este panorama no quedaba otra solución que quedarse en casa viendo películas que aún no había visto, leyendo libros prestados que aún no devolví, actualizándome un poco con las noticias de Internet y esperar una llamada salvadora que me propusiera un plan para salir. El lunes y el martes no surgió, pero el miércoles se dio por partida doble.

A las 13:00 llamó Liza, una antigua compañera de mi primera carrera:

- ¡Hola, Sele! Mira, como no vas a estar el fin de semana para celebrar mi cumpleaños ¿Qué te parece que salgamos esta tarde por el centro a tomar unos mojitos? He llamado a Clara y dice que se viene, aunque por la noche tiene una despedida de soltera, así que cuanto antes quedemos, más podremos estar juntos.

- ¡Cuenta conmigo!

A las 13:30 llamó... Telma:

- ¡Buenas! Ayúdame, que llevo un tiempo sin salir por ahí y necesito despejarme un poco. He pensado en ti porque hace tiempo que no salimos...

- No va a poder ser, he quedado esta tarde con unas antiguas compis de la carrera porque es el cumpleaños de una y estaremos de cañeo por el centro.

- No, si yo por la tarde estaré currando, pero por la noche podríamos tomar algo por La Platina.

- Joder, tía, que es miércoles, mañana empieza mi jornada y no quiero estar reventado...

- Vamos a ver, que será tomar una caña y nos vamos cada uno a su casa... pero vamos, que tampoco quiero rogarte; si quieres, bien, si no...

- Vaaale...

¿Cuántas veces os han propuesto salir de tranquis y al final la cosa se os ha ido de las manos? Así, los planes se me agolparon en un día cuando había estado dos sin hacer absolutamente nada. La tarde con Clara y Liza fue bastante maja. Estuvimos en una tetería del centro, de estas que te sientas en cojines en el suelo, fumas de cachimba, música relajante, mojitos artesanos... vamos, que todo eso tiene su efecto, os juro que en un momento me olvidé de todo lo que salpica a mi alrededor. El problema es que los tres estudiamos filología hispánica, pero yo lo hice apasionado por la historia de la literatura y ellas por la rama de la lengua, así que estuvieron toda la tarde discutiendo acerca de los métodos de la enseñanza del español para extranjeros y no había manera de cambiar de tema. Menudo coñazo, hay gente que no es capaz de desconectar de sus quehaceres cotidianos ni siquiera en sus momentos de ocio.

Salimos de ese lugar en penumbra y la realidad se volvió otra. El cielo en la capital se templaba y Clara se encontraba con sus amigas para ir a una despedida de soltera en la que, a petición de la novia, no iba a haber ni tíos desnudándose ni pollas en la cabeza ¿Eso era una despedida de soltera? ¿Tenía miedo a caer en la tentación? Diez minutos después había quedado con Telma en la misma plaza, pero un mensaje me alertaba que -una vez más- no iba a ser puntual. Me hacía gracia que ella presumía de ser puntual, pero nunca lo era conmigo. Me replicaba que era puntual con quien lo era con ella; pues bien, yo siempre he sido puntual excepto en nuestra primera cita, que quedamos a las 17:30 y yo me presenté a las 17:38. Desde entonces estuvimos casi un año entre que quedábamos y luego empezamos como novios y no recuerdo haber llegado tarde nunca más. Pues bien, ella me ha tachado alguna vez de rencoroso, pero ella no olvidará en su vida que en nuestra primera cita llegué ocho minutos tarde. Luego con sus amigas siempre es puntual y son ellas las que llegan siempre tarde, pero a estas alturas llego a pensar que las parejas se crearon para descargar y pagar tus malos humos y así tener una carita sonriente ante el resto de la sociedad por muy mal que se porte ésta contigo.

Por fin, 28 minutos después se presentó. Deberíamos crear un banco de tiempo para saber cuánto tiempo nos debemos el uno al otro. No quise armarla desde un principio de la noche porque me había propuesto ofrecer mi mejor carácter para tener la fiesta en paz. Sorprendentemente, ella se mostraba arrepentida de haberme hecho esperar tanto. Veía un semblante de amabilidad en su actitud y ni siquiera me había traído mi despreciable ropa cuando yo esperaba todo lo contrario. La noche empezaba bien.

Como lo prometido es deuda, el primer destino fue una pizzeria bastante simpática de La Platina donde pude invitarla a cenar de una vez por todas. A ella le encantó el detalle, pues era la primera vez que iba allí y no sabía de la existencia de ese lugar en un barrio que teníamos pateado. No fue mi intención, ni mucho menos, pero los mantelitos a cuadros y las velitas en las mesas le daban un toque bastante romántico a la velada.

Las cosas no estaban saliendo como en anteriores ocasiones. A diferencia de los últimos días, esta vez era yo el que tenía que contar un montón de experiencias acerca de mis primeros contactos con el mundo de la radio y ella me escuchaba maravillada, atónita de lo feliz que era en mi puesto. Ella me mostró su lado más amable, me volvía a mostrar la fe que ha tenido en mí desde un principio y lo lejos que -según ella- iba a llegar, y me deseaba lo mejor en el trabajo, ofreciéndome su ayuda si pudiera hacer algo por mí.

- Y cuando seas un periodista famoso ¿Te olvidarás de mí?

- No sé si llegará ese día, pero creo que la gente que merece la pena la tendré cerca de mí.

Ese ha sido otro de sus miedos desde que la conocí. El miedo que acabó con lo nuestro era la situación económica de cada uno, tan desigual, y los objetivos a corto plazo que no compartíamos (porque me juego el cuello que los objetivos a largo plazo son prácticamente los mismos). Aparte de todo eso, la edad siempre fue algo que la alejaba de mí constantemente, pues los 8 años y medio de diferencia que la separan de mí la hacían creer que envejecería en la próxima década y yo me fijaría en otra más joven, y que tarde o temprano la recambiaría por otra que estuviera más buena que ella. Enlazando con ese tema estaba la situación profesional de cada uno, y es que ella, pese a codearse con la jet set del mundo de la música y ser reconocida allá por donde fuera por todo el mundo, creía que mi profesión era de muy altos vuelos para ella, y que tarde o temprano conocería a alguna periodista famosa, me enamoraría de ella locamente y el nombre de Telma se quedaría como una divertida aventura anecdótica del pasado. Como véis, y no es porque lo diga yo, sus miedos también fueron matando este amor poco a poco.

- Me encantas, Sele. ¿De verdad me dices que no estás con otra? Porque mira que me extraña.

- Ya cansa un poquito esa pregunta ¿No crees?

- Yo lo único que quiero que sepas es que no me va a molestar en lo más mínimo porque cada uno somos libres para hacer lo que nos plazca. Hombre, me parecería un poco fuerte que ya estuvieras con otra seriamente, porque lo hemos dejado hace dos días como aquel que dice. Sólo me gustaría que pudieras contar conmigo para todo. Eres la persona que más cerca tengo de mí, conoces mis virtudes y mis miserias y has significado tanto para mí que no quiero perderte. Creo que hemos aprendido tanto el uno del otro que no merece la pena separarnos después de todo esto. Lo que daría yo por haberte conocido en otra situación...

La cosa se estaba poniendo demasiado dulce y bonita, así que finiquitamos y nos fuimos al Passion, un bar bastante cutre por muy romántico que sea su nombre. Era como volver seis meses atrás, cuando yo tenía la fe de que era el amor de mi vida y que lo nuestro tenía que dar sus frutos. Me sentía tan seguro de todo esto que yo llevaba el mando de la relación, era el que la hacía levantarse cuando todo se venía abajo y estaba siempre allí cuando más me necesitaba; era el que le decía que tenía un tipazo cuando se empezaba a notar tripita, el que la sorprendía con una caja de bombones en sus días de regla y el que se tiraba una hora en el Metro para ir a verla en las noches en que no podía dormir. Tanto dar sin condiciones no es nada bueno, ella acabó acomodándose a la situación y al mínimo bache que tuvimos perdió la ilusión por todo. Esa noche estaba siendo tan especial que era feliz simplemente estando a su lado, sin esperar que pasara nada: simplemente con ganas de darlo todo porque entre los dos quedara un buen recuerdo y poder llevarnos bien a pesar de haber tenido un contacto tan áspero en los últimos tiempos.

- Bueno, yo creo que eso puede ser... ¿Y tú? ¿Estás saliendo con otro?

Por enésima vez me dijo que el trabajo le quitaba todo el tiempo del mundo para tener una relación formal, pero claro, ella sale los fines de semana y yo sí que no puedo conocer a nadie porque ya no voy a poder salir por ahí. Me cuenta que, sin embargo, una vez, cuando salió con sus amigos gays-guays por locales de ambiente, le presentaron a un pintor que le cayó especialmente bien y acabó con él en su estudio. Me dice que se liaron, pero que no pasó nada más porque iban bastante perjudicados. Yo me cago en todos los putos pintores, poetas, cansautores y demás gente del mundo bohemio que se ganan a las tías con su labia y parecen ir con buenas intenciones cuando en el fondo lo que quieren es trajinárselas. Yo me considero un poeta bueno dentro de lo que cabe y nunca he tenido que ofrecerle la luna o dedicarle ningún poema a ninguna tía para tirármela, simplemente me he mostrado tal y como soy. No me quiero ir por los cerros de Úbeda, a la semana siguiente quedó con él y el tío le presentó a una amiga francesa, otra de estas pseudobohemias que van con la boina de lado y resultan maravillosas a base de su pose. Estuvieron tomando unos cócteles en un bar y en un momento determinado el tío le hizo la cobra a Telma para robarle un beso, pero ella se apartó. El tío, viendo su negativa, atacó a la francesa y ésta sí que cayó en la tentación. Ante el asombro de Telma, los dos le propusieron hacer un trío, pero a ella no le iba la idea y decidió marcharse del sitio. Todo esto acabó, siempre según palabras de Telma, en un par de mensajes del tipo queriendo verla otra vez y ella sin ganas de volver a saber de él.

Aunque yo pensaba que noticias así me iban a partir el corazón en el momento de conocerlas, sorprendentemente no me afectó en sobremanera. Me pareció un hijo de puta como antes he dicho, pero ante la evidencia no se puede luchar, y Telma es una chica pero que muy atractiva y se gana rápido a la gente. Si a mí, con lo selectivo que soy para estar con una tía, me caló hasta los huesos, me resultaba hasta extraño que tres meses después de haberlo dejado no hubieran caído más tíos.

En el Passion no empeoraron las cosas. De pronto sonó Dancing Queen de los ABBA, como sonaba cada domingo por la tarde cuando estábamos allí mientras el camarero locaza se ponía a cantarla con un micrófono en la mano. También en esa época la tenía una profesora que me caía muy bien en su móvil, y en definitiva, aunque sea ridícula hasta decir basta, esa canción simbolizaba una época en la que yo había sido realmente feliz. A cuento de esta canción empezamos a hablar de las canciones que nos recordaban el uno a el otro y sacamos para hacer por lo menos un disco. Salió a colación el concierto de Pablo Motos (del cual hablé en uno de mis primeros posts), su estado de shock cuando me vio con otra (me confesó que estuvo varios días de bajón pensando que nunca volvería a estar conmigo, pues creía que estaba con Azucena), mi miedo a que pensara que había ido con esa chica para darle celos (realmente fue así en parte) y todo el lío que se montó en esa noche.

- Tío, me encantaría liarme contigo esta noche, pero sé que si eso pasara podría mandar a la mierda nuestra amistad, y te quiero tanto que yo no quiero que eso pase.

Ya estaban silbando las balas a mi alrededor. No era la primera vez que me lo decía, por eso yo ya me había convertido en un convidado de piedra y no me llegaban a estimular sus indirectas pretenciosas. El Passion cerró, estábamos al lado de mi casa, ya era la una y media de la madrugada y ambos teníamos que trabajar al día siguiente, pero ella propuso ir al Absenta. Me repito más que el gazpacho, pero si hay un bar que podríamos catalogar como "el nuestro", era ése. Música de la Movida nos llevaba atrás en el tiempo sin dejar el presente, cantándonos las canciones al oído ya estuviéramos sentados, bailando abrazados o moviendo las caderas de una manera más alocada. De las cervezas de la cena y del vino de la casa del Passion pasamos al ron con cola. Y al día siguiente teníamos que trabajar. Salió una canción con la cual había hecho yo un videoclip a un amigo en el que salíamos cantando en playback hasta un total de 38 de sus amigos porque se iba de erasmus y a veces caía en ciertas depresiones y pensaba que realmente nadie le quería. Ese videoclip (Que el tiempo no te cambie) venía a darle fuerzas para el erasmus y a su vez servía como recordatorio para decirle que éramos muchos los que nos sentíamos sus amigos y le queríamos. Recordábamos los dos esa anécdota entre risas.

- Qué bueno que eres, cariño.... uy, perdón por llamarte cariño, es la costumbre...

Al menos reconocía que malo, lo que se dice malo, no era. Pero vamos, no me sirve de mayor consuelo que me haya dicho en un pasado que nunca se había sentido a sus 33 años con nadie tan bien como conmigo (y ha tenido más de una y dos relaciones largas), que nadie la había tratado tan bien como yo, que conmigo se había planteado por primera vez que el amor podía ser para siempre, que nadie había tenido tantos detalles con ella ni la había soportado tanto como yo... ¿De qué sirve escuchar eso, si al final nuestra eternidad duró lo que dura un embarazo? Para rematar la noche, salió nuestra canción:

Como podéis escuchar, no es una canción de amor ni de desamor ¿Por qué era nuestra canción? Porque nos encantaba, porque es de un grupo que sólo sacó un disco y que casi nadie conoce, por lo que nos extrañaba al uno que el otro la conociera y viceversa, y porque la cantamos juntos a grito pelado en el salón de su casa hasta la saciedad. Encima, para más inri, era la primera vez que la escuchábamos en un bar, no en casa ¿Una señal del destino o puta casualidad? Daba igual, ya estábamos en éxtasis y bailábamos como en los ochenta en un Absenta semi-vacío como era de esperar un miércoles de madrugada.

- Sé que no podemos, pero me muero de ganas de liarme contigo. Fréname, que tú eres más maduro que yo...

Me he saltado una segunda vez que me lo dijo, no me acuerdo en qué punto de la noche fue. Ya me lo había dicho tres veces y se nos estaba yendo todo de las manos. Estaba ya un pelín perjudicada por la bebida y decidió sentarse en un sofá. Yo iba a por otras dos copas para los dos y me avisaron que el bar cerraba en breve, así que pillé una para compartirla. Me acerqué al sofá y me senté junto a ella.

- Hey ¿Estás bien?

- Sí, tranquilo...

La chica de ayer sonaba en sus primeros compases, señal de que el bar cerraba. Ella me abrazó fuertemente.

- Qué bien me lo he pasado esta noche, Sele...

Y de pronto empezó a juntar sus labios con los míos... cada vez los tenía más cerca.

- Por favor, Sele, fréname, que tú eres más maduro que yo... que me muero de ganas de liarme contigo....

¡Tócate los cojones! Joder, diciéndome eso al oído, notando su aliento... joder, que yo tenía un escudo toda la noche y no me afectaban los misiles que me estaba lanzando, pero es que eso ya era demasiado. Estaba empalmado. Y claro, juntar sus labios con los míos y empezar a comernos la boca apasionadamente fue la misma acción. Parecía que fuéramos a aparearnos allí mismo.

¿Se puede denominar a eso enrollarse? No fueron ni cuatro besos, fueron dos antes de que cerrara el bar. Y claro, una vez cometido el pecado viene el arrepentimiento. Me estuvo pidiendo perdon por haber sido tan impulsiva, pero no me jodas, que uno no es de piedra y se da cuenta a estas alturas de lo que sigue sintiendo a su pesar. No me moló nada la situación, volver a los vestigios del pasado cuando por una parte de las dos hoy día no va a volver a ser nada como antes, pero soy más blando que un Sugus y le resté importancia al asunto al ver que me pedía perdón.

No hace mucho supernova me comparaba con ella al decirme que yo era un calendario con patas y así fue. Tuve que llegar a mi casa y mirar en mi calendario de casillas de 2008 donde tenía apuntados todos los días que pasé junto a ella y las cosas que hicimos para darme cuenta que sí, que otra vez el destino se volvía a repetir un año después: precisamente fue en un puto San Fermín cuando nos dimos nuestro primer beso tras una temporada de incertidumbres y de miedo a cagarla por mi parte, y fue nuevamente un 7 de julio cuando volvió la chispa de la pasión a nuestra acera, quién sabe si para ser culminada con el último beso.

Al día siguiente quedamos para comer juntos en un restaurante bastante chic del centro de Ardid. Por la tarde estuvimos mandándonos mails de coña al correo del trabajo únicamente para saber el uno del otro, pero ahí acabó la cosa. El viernes me llamó para tomar una cerveza por un libro de una rueda de prensa que le había regalado, pero al ver que la cervecería de toda la vida estaba cerrada, me mandó un sms explicándomelo y diciendo que se iba a su casa (¿Alguien lo comprende?). El domingo estaba yo solo en la redacción y la llamé a su casa para ver si comíamos juntos, pero me dijo que ya estaba preparándose la comida.

A pesar de lo vivido en estos últimos días, tengo la constancia de que no volveremos a estar juntos, al menos en estos tiempos que corren. A cambio, he ganado un paso atrás de tamaño XXL. A la mierda toda la semana de reflexiones en la playa, toda la terapia de shock y todo el pim pam pum: vuelvo a estar jodido por Telma. Y como dice nuestra canción: No sé cómo voy a escapar... hoy, más que nunca, necesito vuestro consejo...