Con esto de que estoy a dos asignaturas de terminar mi segunda carrera y que a mis 25 años (esto va por xikita, que me preguntó la edad) ya estoy moralmente agotado para hacer un master, un posgrado o lo que te quieran vender con la excusa de llegar más lejos en la vida, me estoy tomando estas prácticas como el comienzo del comienzo de una nueva vida. Nada más lejos de la realidad, pues nos están metiendo una paliza como si fuéramos periodistas de contrato, y las jornadas de trabajo oscilan entre las 10 y las 12 horas diarias; aparte de todo esto trabajo todos los fines de semana, han acabado con mi vida social y todo ello por 300 euros mensuales, toda una ganga para ellos. El lado positivo es sumergirse de lleno en el maravilloso mundo de la radio, un trabajo precioso a la par que comprometido. Sólo el tiempo dirá si yo he nacido para esto o no.

Lo duro no sólo se queda en el irrisorio sueldo, sino en la condición de becario a ojos del resto de la empresa (y los que no son de la empresa). Para muestra, cuatro situaciones en la primera semana que he estado allí:

1) En el control de seguridad:

- Perdon ¿me puede abrir el torno para pasar? Es que aún no tengo la tarjeta de acceso.

- A ver, becario, enséñame tu DNI y a ver si les dices a los de arriba que te den la tarjeta cuanto antes, que el ordenador este va a patadas y tardo un huevo en localizarte.

2) En la cafetería. Comentario de fondo:

- Joder, si ya se hace insoportable estar en esta cafetería tan pequeña con todo el calor, ahora nos meten a 50 becarios que se nos cuelan cada dos por tres. Hay que joderse.

3) Llamando al servicio informático:

- No me funciona el Outlook.

- Dime tu nombre y apellidos para poder operar con tu ordenador desde mi puesto.

- Sele.

- Pero tú no apareces en el listado de usuarios ¿eres becario?

- Sí...

- Joder, pues no puedo meterme en tu sistema operativo desde aquí. Espeeera (resoplando), que en diez minutos subo y te lo arreglo.

4) Siendo cortés con la señora de la limpieza:

- Buenas tardes.

- Cómo se nota que eres becario. A ver si cuando cobres tu sueldo aquí sigues dándome las buenas tardes o me vuelvo invisible de repente.

Tremendo, para escribir un manual de supervivencia para becarios. Por contradictorio que parezca, mi jefe es todo lo contrario, se porta bastante bien con todos los nuevos y nos da toda la libertad de ejercicio que siempre me dijeron ex-becarios que nunca iba a tener en este sitio.

A estas alturas, en mi segunda semana de curro, ya empiezas a conocer a más gente, incluso a los famosillos de las ondas, pero es verdad que la gente se va con los de su status social, mayormente. A pesar de todo, me encanta lo que estoy haciendo. Me dan responsabilidades dentro de lo que cabe, estoy en el centro de Ardid y salgo mucho por la ciudad a hacer reportajes y noticias. La perfección de este panorama tan idílico se estropea cuando me encuentro a Telma casi a diario, ya sea al entrar, en el ascensor, en la cafetería, al salir a fumar o al terminar la jornada laboral. Como ya adelanté dos artículos atrás, trabaja en el mismo edificio en el que yo hago las prácticas, tan sólo dos plantas más abajo. Primero fuimos conocidos, luego amigos, después rollos temporales, más tarde novios, finalmente ex-pareja quequieretratarseconnormalidadcomosinadahubierapasadoyresultaquehayascuasdelpasadoqueaúnqueman y en la actualidad vecinos de curro. ¿No querías sopa? Pues toma dos cazos.