Hay veces que pienso que necesito cierta distancia de cosas que es mejor aparcar por un tiempo, pero es que cuando tomo la iniciativa y decido dejarlas de lado, vienen ellas a mí.

Ayer fue la cena de fin de carrera con mi clase. Fue una noche memorable, y es que por primera vez desde que nos conocemos estuvimos tantos de nosotros juntos fuera de clase. Hasta 32 personas llenamos un salón del restaurante. Hay planes que comienzan de lo más tranquilo y acaban siendo más animados, pero éste empezó de una manera alocada y terminó yéndosenos de las manos al final de la noche. La explicación a todo esto está en el precio: por 12€ tuvimos barra libre de cerveza, sangría, kalimotxo, refrescos y comida típica de taberna (oreja, croquetas, tortilla de patata, chorizo a la sidra...). Si a todo eso bien regado le sumamos las ganas de cachondeo del servidor, podéis comprender que acabáramos subidos a las sillas bailando y el camarero pidiéndonos moderación cada dos por tres.

El restaurante estaba en el centro de Ardid, pegando al barrio de Alimaña, y el barrio de Alimaña en mi callejero está marcado como Territorio Dagger (entiéndase como Territorio Dagger los lugares que no puedes pisar por peligro a encontrarte con tu ex):

Yo propuse otros sitios para salir aunque me encantase ese barrio, pero en un sistema de democracia ganó la mayoría absoluta y acabamos en el Absenta. El bar al que íbamos ella y yo cada sábado ¿Razones por las que fuimos allí? Es gratuita la entrada, ponen buena música y es lo suficientemente grande como para que quepamos todos allí. Por suerte no la vi y me desentendí de todo lo que ese bar significaba para mí, y estuve con mis amigos pasándomelo como pocas veces. En el ambiente se notaba ese colegueo y a su vez un poco de nostalgia, pues no sabíamos si alguna vez volveríamos a juntarnos como aquella noche.

El caso es que avanzó la noche y la gente pedía cambio de aires, así que cambiamos de bar y de barrio, aunque sin  separarnos del centro. El problema en Ardid es que a determinadas horas ya sólo quedan abiertos cuatro bares y te clavan por la entrada al mismo. Muchos se estaban debatiendo entre quedarse o irse a casa, ya empezaban las primeras despedidas. En ese momento sonó mi móvil ¿Algún rezagado que se había perdido y no había llegado al bar? No, Telma.

- ¡Hola! Te he visto antes en el Absenta ¿Por qué no me has saludado?

- Ah, pues es que no te he visto, la verdad.

- ¿Dónde estás? Yo es que he quedado con Rosario y Jorge, pero ya se han ido para casa y yo quiero seguir un poco más de fiesta.

- Pues yo estoy en Tuertas con la gente de mi clase.

- Ah ¿Y yo puedo ir?

Y yo, que nunca sé decir que no, le dije que sí que podía. En otro momento tal vez me hubiera apetecido quedar con ella, pero esa noche me lo estaba pasando tan bien que algo me decía que se podía chafar todo. Veinte minutos después nos vimos en una plaza donde habíamos quedado. Me había llamado para decirme que fuera ya porque no paraban de acosarla los tíos al verla sola y se estaba sintiendo un poco violenta. No tuve más remedio que acelerar un poco, estábamos a esas horas en que está todo el pescado vendido, el alcohol en su etapa de mayor efecto de toda la noche y los tíos van a por todas.

De vuelta a la discoteca vi que la inmensa mayoría se había ido a su casa, ya sólo quedaban siete personas de la fiesta. Ya empezaba a joderse todo, pero una vez dentro fue peor. Mientras yo intentaba compaginar estar con mi gente y a la vez con ella (ante todo soy un tipo legal y no le iba a hacer el feo de dejarla sola) la entraron hasta cuatro tíos en 15 minutos. Había ido a por nuestras copas y al volver ella estaba hablando con uno. Estuve cerca de dos minutos a ver si le mandaba a la mierda despachaba, pero como no fue así, me acerqué a darle su copa.

- Desconocido Listillo: Uy, lo siento, tío, ya te he visto que llevabas un rato dudando entre venir y no venir...

- Telma: Tranquilo, si SÓLO somos amigos.

Golpe directo a la mandíbula. Ni lo vi venir. No había dicho ninguna mentira, pero el tacto se lo había dejado en la oficina ese día. Vale que seamos amigos, pero ese SÓLO sobra. Me sentí menospreciado y por primera vez entendí lo que hace tiempo me decían mis amigos:

Lo peor del amor es cuando se termina. Todo esto se convierte en una competición entre los dos miembros de la pareja rota por ver quién rehace más rápido su vida o por ver quién es más feliz que el otro. Tú con ella ya no tienes nada, no le debes ni te debe nada. Pero te jode a morir cuando de pronto ves a tu ex con otro, sobre todo cuando tú aún no tienes nada. Si tú tienes piva y la cosa te va bien, no pasa nada porque ya no te afecta la vida de tu ex, pero ¡Ay, amigo! Como veas que ella ha rehecho su vida o ves que le van las cosas mucho mejor que a ti, ahí sí que lo llevas jodido. Lo peor en esos casos es forzar la máquina y buscar desesperadamente un repuesto a esa carencia, pero es lo que solemos hacer todos por naturaleza.

Esto es así de claro, tanto para tíos como para tías, y el que diga lo contrario, miente. A los cinco minutos el chaval desapareció de allí. Nos tomamos la copa y ella decidió irse a casa.

- Pero es que no sé cómo salir de este barrio ¿Me acompañas?

Patético es poco para definirme, pero resultaría borde decirle que se comprase un GPS la próxima vez. Coño, que yo soy de Córcholis y ella ya lleva tiempo viviendo por el centro de Ardid, debería conocer un poquito su zona. La acompañé 300 metros hasta que ya supo guiarse por una plaza que visitábamos antaño. Encima de un bar salía a la calle la música atronadora de una canción que me trae por la calle de la amargura en los últimos tiempos por el mensaje: You were always on my mind, de los Pet Shop Boys. Sobra la traducción.

- Bueno, pues a ver si quedamos otro día y hablamos largo y tendido, mejor que hoy... y así te devuelvo la ropa que tienes en mi casa.

Joder Me cago en la puta de oros. La que siga el blog desde sus comienzos sabrá que no es la primera vez que hace referencia al tema de la ropa y su obsesión por devolvérmela, ya van como cuatro veces. Total, toda la ropa que tengo en su casa son unos calzoncillos y un par de calcetines que tenía siempre allí para cambiarme los fines de semana que me quedaba allí y no pasaba por mi casa. Un puto calzoncillo y unos putos calectines entre más de cincuenta camisetas, cincuenta bragas, diez abrigos, un baúl lleno de zapatos y zapatillas y otras tantas decenas de pantalones. Estoy segurísimo de que mis pertenencias le estaban quitando todo el espacio del mundo en su inmenso armario. Por enésima vez le dije que cuando quisiera quedaríamos y me los daría, pero que si tanto le molestaban los podía tirar a la basura, que no me iba a morir por perder tantas cosas. Ya me podría devolver la cantidad de DVDs, discos y libros que le he dejado, que eso sí que debe ocupar espacio y nunca le he oído decir que le molestaran.

Se marchó de la plaza y me tuve que sentar en un banco porque me sentía un pelín mareadillo. Cinco minutos después pasaron dos compañeras de clase para decirme que todo el mundo se había ido a casa. Para qué quería más. Las acompañé hasta la parada del búho y una vez allí pensé cómo coño iba a volver a Córcholis a esas horas. Sería el efecto del alcohol o vete tú a saber qué, pero llamé a Telma para preguntarle si me podía quedar a dormir en su casa y me dijo que sí. 300 metros después, camino a su casa, me arrepentí de lo que iba a hacer y decidí hacer una visita a mi padre, que vive también por el centro de Ardid y llevaba tiempo sin quedarme a dormir allí.

Llegados a este punto, veo que siempre que tengo noticias de Telma acabo jodido todo el día y los dos días siguientes como mínimo, así que veo que lo mejor sería dejar de saber de ella por una temporada. Pero por otra parte el maldito orgullo puede conmigo y me veo incapaz de decirle todo esto a la cara. Sé cómo es ella y creo que en el fondo le gustaría eso, que yo estuviera jodido por lo nuestro, aún teniendo la seguridad de que no volvería con ella. Así que la decisión salomónica es no hablar con ella de quedar y quedar únicamente si sale de ella, si me llama y me dice que quedemos. Nos guste o no, este verano nos vamos a ver las caras más de una vez porque voy a hacer mis prácticas en su mismo edificio, dos plantas por encima de ella.

Hoy toca día de reflexión. Hace justo un año que nos conocimos y es en momentos así cuando te das cuenta cuánto y cómo cambia la vida de un año a otro.