Antes de nada siento haber estado tanto tiempo sin dar señales de vida, pero es que los exámenes de fin de carrera sumados a la búsqueda desesperada de prácticas me están llevando su tiempo y no tengo ni tiempo para dar un repaso a esto.

Tendría que contar mil cosas por aquí, pero es que no sé por donde empezar, empezando porque debería estudiar un poco más, que me estoy jugando volver a la universidad un año más y eso a mi edad debería estar ya prohibido... pero es que me tiro un día entero sin salir de casa y es que llega la noche y me da el bajón. He visto que yo no valgo para ser casero, que necesito entrar en contacto con el mundo al menos media hora al día, ya sea ir a dar una vuelta al parque o tomar una caña con los amigos por la noche. A todo esto se suma la falta de costumbre a hacer las cosas solo y el añoro de ciertas cosas que se hacen cuando tienes pareja, supongo que vosotros me comprenderéis...

El caso es que el otro día estaba haciendo un trabajo de fin de carrera en el PC cuando alguien me empezó a hablar por el Messenger. Era Norberto, un colega de la época del cole, con el que me reencontré en una cena que organizamos la peña del cole y en la que nos volvimos a ver todos más de una década después de nuestra graduación. Me dijo que había quedado con Txema y con Sofía para tomar una caña.

- Hombre, pues sí que me gustaría, pero es que estoy con un trabajo de tres pares y se me acaba el tiempo.

- Venga tronco, que es por el barrio. Será sólo una hora...

Pues bien, no hizo falta mucho más para convencerme, a las 21:30 nos fuimos a una cervecería del barrio bastante maja y en vez de una caña cayó una jarra para cada uno. A Norberto le llamó Berta al móvil, también antigua compi del cole y desde esa histórica noche su novia un rollo-relación, por así decirlo:

- Hola... pues estoy aquí con éstos de clase ¿Tú qué tal? ¿Bien? Y si estás bien ¿Por qué me llamas? Joder, si estás por ahí de viaje y estás bien, pues pásatelo bien, pero no me llames... yo si me fuera de viaje te llamaría para decirte que he llegado bien y ya hasta la vuelta, joder, vive tu vida por ahí... ya, si sé que el paisaje debe ser muy bonito, pero por muy bonito que sea las fotos van a salir fatal, si tú no tienes ni idea de hacer fotos... ¿Qué pasa? ¿Ya te has enfadado?...

Y Berta colgó. Tal vez parezca muy agresiva la conversación que tuvieron, pero he de recalcar que Norberto es muy irónico y en ningún momento dijo toda esa conversación de mala hostia.

- Joé, tío, te has pasao tres pueblos.

- ¿Qué dices, Txema? Sinceramente a las tías hay que tratarlas así, porque como empieces a ceder un día y otro se te acaban subiendo a las barbas y te dominan para siempre, que eso lo tengo yo muy calao. Esto son cosas a las que se acostumbran y vuelven, ya te digo yo que si vuelven. Si te muestras como un calzonazos, acabas pagándolo caro, te lo digo yo...

Yo también pensé que se había pasado. Yo nunca habría tratado así a una chica por teléfono, pero es que hay veces que me da por pensar que las tías son lo peor ¿Por qué? Porque Berta volvió a llamar veinte minutos después. Le dijo que no le había gustado la conversación, pero le pedía perdón por haberle colgado sin haberse despedido. Después de ver como Berta volvía con el rabo entre las piernas después de ese vacile me entran ganas de no volver a estar con una tía en la vida... amos, no me jodas. Y no es que yo me considere un calzonazos ni mucho menos, pero sí es verdad que me he portado de puta madre con las tías con las que he estado y me han durado menos que una Copa Danone, acabando de la manera más estúpida posible y dejándome jodido por un tiempo. A veces me gustaría ser como Norberto, un cabrón impasible al que sin embargo respetan las tías. No sé si se podrá hacer algún cursillo de eso.

Nos dieron las diez, las once, las doce... y las jarras seguían cayendo. Nos habíamos visto un par de veces desde la cena del año pasado, pero teníamos mil cosas que contarnos entre familia, estudios, curro, amores, proyectos... todos coincidíamos en que la época no era buena para plantearse algo arriesgado, pero por lo general se afrontaban las cosas con ilusión.

El error lo cometí tras la quinta jarra de cerveza, cuando me pedí un ron con cola para acabar la noche. No sé por qué lo hice, si a mí no se me da bien mezclar, así que después de dos litros y medio de zumo de cebada me metí el oro negro de Cuba. A partir de ahí todo son lagunas mentales... la primera imagen la tengo pagando unas cuantas rondas, dejándome más de 50 euros cuando estoy peladísimo y no llego ni a fin de semana como para llegar a fin de mes. La segunda imagen la tengo en un parque cercano a mi casa fumándome un porro junto a Sofía. Si mezclar bebidas me sienta fatal, mezclar bebidas y porros ya es mortal y no respondo de mis actos en ese estado. Fruto de todos los excesos de esa noche, llegué casi a las cuatro de la mañana a mi casa pensando en Telma. Ella a esas horas estaba finiquitando uno de los festivales más importantes del año en Ardid. Aunque a mí no me gusta el hip-hop, me dijo que estaba bastante bien y me pensaba dar un par de invitaciones de la empresa. Pocos días después de decirme eso lo dejamos, las palabritas se las llevó el viento y nunca llegué a ir a ese festival. Inconscientemente me puse a marcar su número. Muy mal no iría cuando logré poner el prefijo para que no saliese marcado mi número en su móvil.

-¿Sí? ¿Hola?... ¿Holaa? ¿Quién eres?

Y colgué. Nunca había hecho eso con Telma y me sentí bastante estúpido, bastante crío. Todo fue producto del alcohol y el porro, pero al día siguiente me arrepentí, aunque a veces le dé la razón a mi subconsciente: hay momentos en los que con sólo escuchar la voz de esa persona a la que quieres eres feliz.