Hay cosas que no cambian y las zorras es una de ellas. Como expliqué en el otro post, cuatro años después de haberla desterrado de mi vida, Casandra me agregó al Facebook. No sabía cuándo iba a coincidir con ella por la red para ver por qué carajo me agregó, ver si había cambiado y si merecía que tomase un café con ella. Pues bien, después de comer me meto al Facebook y allí estaba ella, entre los usuarios online dispuesta a caldear el ambiente. Aprovechó para ver qué tal me iba, me preguntó qué estaba haciendo en la actualidad para luego pasar a la acción: su conversación se puede resumir en que me acusa de todos los males que le han pasado durante el período 2005 - 2006 y que no era trigo limpio. Pues vale, cerda ¿Para eso me agregas al Facebook y de paso al Messenger? Déjame en paz y no vuelvas tocándome la moral cuatro años después del fin de lo nuestro. Definitivamente me ha demostrado que será una arpía por el resto de sus vidas y no merece la pena volver a saber de ella, aunque es lo mismo que pensé hace tiempo y he vuelto a tropezar.

Para rematar la tarde he vuelto a saber de Telma. Me ha llamado para ver qué tal me iban las cosas y me ha estado saturando con sus mil quehaceres en el trabajo, lo difícil que es llevar la gira de los cantantes, lo mucho que le estresa vivir en Ardid, los más de 11.000 € que le han dado de paga de beneficios, el piso que está buscando para comprarse en la capital y los cambios que debe dar su vida para sentirse realmente agusto consigo misma. No lo ha hecho de malas ni mucho menos, pero en momentos de raciocinio me da por pensar que no siguió conmigo porque yo no estaba a su altura ni lo iba a estar al menos en un tiempo, tanto profesional como económicamente. Me lleva de ventaja ocho años y medio, un trabajo envidiable y una nómina que ya quisieran muchos para ellos. Y me jode que por no poder costearme las vacaciones de lujo que ella se permite ni poder estar a su altura para comprar un piso a medias se vaya todo a la mierda, aún sin especificarme que se debe principalmente a eso, porque por lo demás marchaba todo sobre ruedas y nunca había estado tan bien con nadie como conmigo (Telma dixit). Y para rematar la tarde, la frase que precedía a la despedida telefónica:

- Bueno, y a ver si quedamos pronto...

¡Sí, quiere que quedemos!

- ... para que te pueda devolver la ropa que te dejaste en mi casa.

Eso fue como si metiera el puño por su teléfono, lo sacara por el mío y me propinara una hostia de esas que te dejan tirado en el suelo.

- Vale tía, a ver si quedamos y no sólo para que me devuelvas la ropa ¿No?

- Claro, claro, para tomar algo y eso...

Llegados a este punto me empieza a agobiar este buenrollismo que estamos generando después de haber roto. Yo, que nunca he sido un tipo materialista, me empiezo a ver tan pequeño a su lado porque se ve difícil en el presente que llegue donde ella ha llegado en el trabajo y en la vida. Y no quiero convertirme en una persona que sólo mire el dinero y las cosas que se puede pagar con ello, alguien a quien le dé asco comer en un Mc Donalds o en un Pans&Company, alguien que se gaste de media 60 70 euros por noche cuando sale fuera y renuncia a tomar la primera copa antes de salir de casa o hacer botellón para ahorrar... en definitiva, un pijo de puta que sólo mire el lado material de las cosas y luego vaya de pseudohippie y diga que se conforma con poco para vivir. Y lo peor es que cuando tienes una relación con alguien de ese calibre te acabas pareciendo a ella en aspectos como ese. Yo lo padezco ahora y no puedo permitírmelo.

A veces me entran ganas de dejar de saber de ella por un tiempo, pero ese buenrollismo te impide alejarte de quien tanto has querido... y quieres.