El maldito Abono Transportes, que ha vuelto a subir este año, a pesar de que el carburante ha bajado. Una agenda de teléfonos, que un periodista sin agenda está perdido. El cartucho de tinta negra ha muerto y necesito imprimir los apuntes de septiembre (el de color por ahora no se queja, así que dejémosle tranquilo). Mi capricho del mes se reducirá a ponerme un segundo pendiente en la oreja, que he visto que en la farmacia hacen el agujero a muy buen precio. El tubo de pasta de dientes del bolso se ha quedado vacío y llevo una semana sin lavarme los dientes en horario laboral. Las Converse están hechas polvo y tendré que buscarles recambio por mucho cariño que les tenga. Los colegas se pasan de vez en cuando por casa aprovechando que el apartamento de mi padre en Ardid lo tengo para mí solo en verano; tendré que mirar unas cervezas, aunque sean de la marca blanca del súper, que no saben tan mal y hay que mirar el bolsillo. Las putas llamadas del móvil a la redacción cuando estoy "haciendo la calle" están inflando la factura hasta límites inéditos; me han dicho que con una fotocopia señalando las llamadas a redacción te ingresan los gastos en la cuenta, pero yo soy tan primo que la de este mes ya la he tirado a la basura. La alcachofa de la ducha se ha roto y -perdonen mi incultura en asuntos caseros- no sé dónde coño se compra una nueva. Con el calor empieza a haber cucarachas en el portal y las escaleras por las noches, llegando a aparecer alguna por casa; por suerte, el Cucal sí que sé dónde pillarlo. En redacción me sugierenaunquemelodicendemaneradirecta que me compre una grabadora digital por si salta la noticia incluso en horas no laborales y yo estoy presente para cubrir el suceso. Los fines de semana la cafetería de la radio está cerrada, aunque guardando las facturas te las reembolsan; pero claro, todo esto a final de mes. La librería -tres meses después- me ha conseguido ese libro que parecía imposible de conseguir porque estaba descatalogado; pero claro, no me avisaron de los 21 eurazos que costaba; sin embargo, el esfuerzo que han hecho es innegable y desembolso el importe a mi pesar. Me llaman de la bolsa de empleo de la universidad para avisarme que no he pagado la cuota anual y si no lo hago en breve no me podrán convalidar las prácticas. Sí, pertenezco a la que es posiblemente la única universidad española cuya bolsa de empleo y prácticas es de pago, a pesar de ser una universidad pública. Mi amiga Merche y mi amiga Faina me llaman insistentemente para que vaya a visitarlas a Córcova y a Revilla respectivamente, que siempre digo que lo haré y llevo tiempo sin cumplir la promesa; por enésima vez les digo que este mes sin falta. Descubro las marcas blancas del supermercado del barrio: la factura me sale hasta por un tercio de lo habitual, aunque sigo dudando de la calidad del producto por la asquerosa publicidad de las primeras marcas en la televisión. Para el papel higiénico prefiero cogerlo del servicio del trabajo, que ya bastante me explotan y debo beneficiarme de algo. Quisiera ir a algún concierto de la programación de verano de Ardid, pero unos conciertos que se suponen populares no pueden tener entradas de hasta 60-65 euros. Todavía debo 20 euros a Marcos de una noche en que me la cogí gorda y me tuvo que pagar el taxi de vuelta a Córcholis. Me niego a pagar un pastón por un CD de un cantante si seis meses tiene la cara de sacar una edición especial con dos canciones más y un DVD de regalo; para eso está el eMule, le pese a quien le pese. Ya no paso a las discotecas si son de pago; prefiero ir a un bar que no cobre mi presencia en un taburete; y beberé cerveza ante el riesgo de que me cobren 10 euros por una copa de garrafón. Tendré menos detalles con mis seres queridos y me permitiré cada vez menos placeres materiales hasta que llegue el punto en que deje de depender de ellos. Tengo que comprarme unas gafas de lejos porque las que tenía las perdí en la última película que vi en el cine con Telma; por suerte sólo las uso para clase y para conducir; a clase posiblemente no voy a volver, y el coche...
...el coche puede esperar. Al igual que una casita, las vacaciones de mi vida y todos mis deseos a corto plazo. Cuento con 300 euros al mes para 300 gastos. A fin de cuentas no estoy cobrando nada por una jornada de 10-13 horas diarias/ 4 días a la semana. Realmente estoy pagando por empezar a trabajar. Y he llegado a un punto en esta vida en el que en ciertos campos como el económico-profesional veo que me he dormido en los laureles, por así decirlo. En comparación con otros amigos que no han estudiado tanto como yo, pero ya van resolviendo ciertos trámites, me siento más crío. Es por eso que me he convertido en un tipo con prisas. Estoy muy lejos de ser el ciudadano medio acomodado. Y en parte me gusta, en parte no.
Por mucho que se empeñe la gente, no todo cambia en esta vida, hay cosas que permanecen igual por mucho tiempo que pase. Tristemente tengo que reconocer que mi historia con Telma no se encuentra dentro de esos supuestos y que hace tiempo se veía venir que era inevitable y necesario poner un punto y final a estos contactos esporádicos tras nuestra ruptura.
Tras el domingo en el que me encontraba solo en la redacción y la llamé para ver si comíamos juntos obteniendo una negativa por su parte, la semana siguiente fue un paréntesis en el que ninguno de los dos supimos del otro, pero lo que se dice nada de nada. Como si cosas así se planearan no coincidimos ningún día por las escaleras, el ascensor o la cafetería. Ambos sabíamos que necesitábamos un poco de distancia; la última noche había sido demasiado bonita, pero yo sabía que por su parte no íbamos a volver a salir en estos tiempos. Por primera vez en mi vida aceptaba las cosas tal como salían, no me arrastraba por los suelos como un alma en pena y no pensaba luchar por algo que la otra parte no quiere. He conseguido por fin ese mínimo orgullo que todos necesitamos para querernos en situaciones delicadas como ésta y seguir adelante.
En cambio, una semana después saltaron las alarmas: Telma se había hecho un Facebook. No sé si hace tiempo le mandé una invitación puesto que no tuve que aceptar su solicitud de amistad; se acopló ahí, haciéndose un huequito entre mis taitantos amigos con su carita sonriente en la foto de perfil. Todo esto me pilló en el trabajo y a partir de ahí no hice más que rallarme durante toda la tarde.
Nueve meses después de registrarme en Facebook lo he tomado como una herramienta de doble filo: puedes saber todo lo que están haciendo los demás, pero ellos también saben lo que estás haciendo tú. Hay gente que es más lista y que no llega a publicar nunca nada en su perfil: se registran, te agregan como amigo y nunca dan señales de vida por la red. De esos he borrado yo bastantes desde que comencé, iincluso siendo buenos amigos, puesto que los buenos amigos también se dejan notar y puedes saber qué es de ellos, sobre todo cuando más los necesitas. Pero bueno, yo tiendo a desviarme del tema y lo que quería decir es que por lo general el Facebook se convierte en un diario de tu vida en el que, aunque no escribas, siempre hay algún amigo que te etiqueta en alguna foto o te escribe algo en el muro que indica qué ha sido de ti en los últimos tiempos. Por paradójico que suene, yo sabía más de muchos compañeros de la facultad por su Facebook que por las charlas del día a día.
Me negaba a tener a Telma como amiga en Facebook. Como aclaré hace unos cuantos posts, necesitaba saber lo menos posible de ella, dar señales de vida únicamente si ella quería saber de mí. Pero el lunes me metí por casualidad curiosidad en su perfil y empecé a ver a los amigos que tenía agregado. Entre los 12 amigos que tenía por el momento estaba un tal Cris. Un chico de pelo largo que se parecía a mí, con el que Telma se enrolló una noche en los primeros compases de lo nuestro y que a la semana siguiente se marchaba a hacer un viaje por Asia. Coincidía el nombre del chico, la descripción física y las fotos por Asia. Se me vino el mundo abajo. Telma me lo contó todo al día siguiente del suceso, arrepentida , pero me dijo que no tenía su teléfono ni ninguna forma de contactar con él.
Era demasiado para digerir. Fueron detalles así los que me hicieron verlo todo de otra manera y tomar la decisión de pasar página de una vez por todas. Por la noche, poco antes de irme a dormir, le escribí un e-mail enumerándole las razones por las que iba a borrarla de mi Facebook. El tono general del mensaje fue sosegado, con pequeños sobresaltos a la hora de recriminarle el poco respeto que había tenido por nuestra amistad tras nuestra ruptura, los comentarios acerca de sus ganas de liarse conmigo y los besos que me robó al final de la noche, y también a la hora de preguntarle cómo había vuelto Cris a su vida si supuestamente no había vuelto a saber de él. Sé que ella es libre ahora de estar con quien quiera, pero todo esto viene a indicar que sabía del chico durante nuestra relación. Le indiqué también que iba a borrar a sus amigos con el fin de no saber absolutamente nada de ella e invitándola a volver a vernos una vez que pase el tiempo, cuando las ascuas que aún quedan encendidas de lo nuestro se apaguen y no haya viento que las reavive.
Esta mañana me ha respondido a primera hora desde el trabajo. Me comentaba que comprendía mi decisión y que la respetaba (faltaría más). También me dijo que a Cris le había encontrado porque le había buscado en la página al tener un trabajo poco común. Después tachaba de infantil mi decisión de borrar a sus amigos y me apuntaba que ella no era quién para explicarles las razones por las que les había borrado. Se despedía lamentando no haber sabido ser mi amiga y esperando que en un futuro pudiéramos ser amigos sin hacernos daño.
Cuesta mucho cerrar un libro cuando cuenta una historia que ha sido muy bonita, pero en esta vida hay que aprender a cerrar círculos. Yo empiezo a aprender después de muchos años en los que no me ha entrado la lección en la cabeza. Será duro a partir de ahora saber que no voy a poder llamarla cada vez que la necesite, cada vez que pase por su barrio, cada vez que requiera información acerca de sus artistas contratados o, simplemente, cada vez que me acuerde de ella. Sigo sin enterarme por qué acabó esto cuando no nos pasó nada realmente malo, cuando las cosas pintaban para largo... cuando hace apenas un año estábamos tumbados en los parques por las tardes y colándonos en las piscinas comunitarias por las noches para bañarnos a la luz de la luna. Nos sentíamos tan fuertes y unidos que creíamos que teníamos el mundo a nuestros pies... que esto era para siempre.
Lo siento, hoy no puedo escribir nada más... poneros en mi lugar.
No me gusta usar topicazos a la hora de escribir, pero la vida a veces da giros de 180º en un período tan corto de tiempo que te sientes perdido, indefenso, sin saber cómo reaccionar ni a quién pedir explicaciones. Ya quisieran muchas películas tener los giros inesperados que me da a mí la vida.
El caso es que en mis primeros tres días libres de prácticas no hice apenas nada fuera de lo habitual. Lo bueno de mi horario de trabajo es que tienes tres días libres a la semana para descansar, en vez de dos como tienen la mayoría. Lo malo es que esos tres días no se encuentran dentro del fin de semana, por lo que los colegas están trabajando y el que está de vacaciones se encuentra a cientos de kilómetros de Córcholis. Quería salir por ahí, dar una vueltecita de estas tan reconfortantes, pero el cambio climático nos está quitando horas de calle y hasta eso de las ocho de la tarde no es recomendable salir de casa. Con este panorama no quedaba otra solución que quedarse en casa viendo películas que aún no había visto, leyendo libros prestados que aún no devolví, actualizándome un poco con las noticias de Internet y esperar una llamada salvadora que me propusiera un plan para salir. El lunes y el martes no surgió, pero el miércoles se dio por partida doble.
A las 13:00 llamó Liza, una antigua compañera de mi primera carrera:
- ¡Hola, Sele! Mira, como no vas a estar el fin de semana para celebrar mi cumpleaños ¿Qué te parece que salgamos esta tarde por el centro a tomar unos mojitos? He llamado a Clara y dice que se viene, aunque por la noche tiene una despedida de soltera, así que cuanto antes quedemos, más podremos estar juntos.
- ¡Cuenta conmigo!
A las 13:30 llamó... Telma:
- ¡Buenas! Ayúdame, que llevo un tiempo sin salir por ahí y necesito despejarme un poco. He pensado en ti porque hace tiempo que no salimos...
- No va a poder ser, he quedado esta tarde con unas antiguas compis de la carrera porque es el cumpleaños de una y estaremos de cañeo por el centro.
- No, si yo por la tarde estaré currando, pero por la noche podríamos tomar algo por La Platina.
- Joder, tía, que es miércoles, mañana empieza mi jornada y no quiero estar reventado...
- Vamos a ver, que será tomar una caña y nos vamos cada uno a su casa... pero vamos, que tampoco quiero rogarte; si quieres, bien, si no...
- Vaaale...
¿Cuántas veces os han propuesto salir de tranquis y al final la cosa se os ha ido de las manos? Así, los planes se me agolparon en un día cuando había estado dos sin hacer absolutamente nada. La tarde con Clara y Liza fue bastante maja. Estuvimos en una tetería del centro, de estas que te sientas en cojines en el suelo, fumas de cachimba, música relajante, mojitos artesanos... vamos, que todo eso tiene su efecto, os juro que en un momento me olvidé de todo lo que salpica a mi alrededor. El problema es que los tres estudiamos filología hispánica, pero yo lo hice apasionado por la historia de la literatura y ellas por la rama de la lengua, así que estuvieron toda la tarde discutiendo acerca de los métodos de la enseñanza del español para extranjeros y no había manera de cambiar de tema. Menudo coñazo, hay gente que no es capaz de desconectar de sus quehaceres cotidianos ni siquiera en sus momentos de ocio.
Salimos de ese lugar en penumbra y la realidad se volvió otra. El cielo en la capital se templaba y Clara se encontraba con sus amigas para ir a una despedida de soltera en la que, a petición de la novia, no iba a haber ni tíos desnudándose ni pollas en la cabeza ¿Eso era una despedida de soltera? ¿Tenía miedo a caer en la tentación? Diez minutos después había quedado con Telma en la misma plaza, pero un mensaje me alertaba que -una vez más- no iba a ser puntual. Me hacía gracia que ella presumía de ser puntual, pero nunca lo era conmigo. Me replicaba que era puntual con quien lo era con ella; pues bien, yo siempre he sido puntual excepto en nuestra primera cita, que quedamos a las 17:30 y yo me presenté a las 17:38. Desde entonces estuvimos casi un año entre que quedábamos y luego empezamos como novios y no recuerdo haber llegado tarde nunca más. Pues bien, ella me ha tachado alguna vez de rencoroso, pero ella no olvidará en su vida que en nuestra primera cita llegué ocho minutos tarde. Luego con sus amigas siempre es puntual y son ellas las que llegan siempre tarde, pero a estas alturas llego a pensar que las parejas se crearon para descargar y pagar tus malos humos y así tener una carita sonriente ante el resto de la sociedad por muy mal que se porte ésta contigo.
Por fin, 28 minutos después se presentó. Deberíamos crear un banco de tiempo para saber cuánto tiempo nos debemos el uno al otro. No quise armarla desde un principio de la noche porque me había propuesto ofrecer mi mejor carácter para tener la fiesta en paz. Sorprendentemente, ella se mostraba arrepentida de haberme hecho esperar tanto. Veía un semblante de amabilidad en su actitud y ni siquiera me había traído mi despreciable ropa cuando yo esperaba todo lo contrario. La noche empezaba bien.
Como lo prometido es deuda, el primer destino fue una pizzeria bastante simpática de La Platina donde pude invitarla a cenar de una vez por todas. A ella le encantó el detalle, pues era la primera vez que iba allí y no sabía de la existencia de ese lugar en un barrio que teníamos pateado. No fue mi intención, ni mucho menos, pero los mantelitos a cuadros y las velitas en las mesas le daban un toque bastante romántico a la velada.
Las cosas no estaban saliendo como en anteriores ocasiones. A diferencia de los últimos días, esta vez era yo el que tenía que contar un montón de experiencias acerca de mis primeros contactos con el mundo de la radio y ella me escuchaba maravillada, atónita de lo feliz que era en mi puesto. Ella me mostró su lado más amable, me volvía a mostrar la fe que ha tenido en mí desde un principio y lo lejos que -según ella- iba a llegar, y me deseaba lo mejor en el trabajo, ofreciéndome su ayuda si pudiera hacer algo por mí.
- Y cuando seas un periodista famoso ¿Te olvidarás de mí?
- No sé si llegará ese día, pero creo que la gente que merece la pena la tendré cerca de mí.
Ese ha sido otro de sus miedos desde que la conocí. El miedo que acabó con lo nuestro era la situación económica de cada uno, tan desigual, y los objetivos a corto plazo que no compartíamos (porque me juego el cuello que los objetivos a largo plazo son prácticamente los mismos). Aparte de todo eso, la edad siempre fue algo que la alejaba de mí constantemente, pues los 8 años y medio de diferencia que la separan de mí la hacían creer que envejecería en la próxima década y yo me fijaría en otra más joven, y que tarde o temprano la recambiaría por otra que estuviera más buena que ella. Enlazando con ese tema estaba la situación profesional de cada uno, y es que ella, pese a codearse con la jet set del mundo de la música y ser reconocida allá por donde fuera por todo el mundo, creía que mi profesión era de muy altos vuelos para ella, y que tarde o temprano conocería a alguna periodista famosa, me enamoraría de ella locamente y el nombre de Telma se quedaría como una divertida aventura anecdótica del pasado. Como véis, y no es porque lo diga yo, sus miedos también fueron matando este amor poco a poco.
- Me encantas, Sele. ¿De verdad me dices que no estás con otra? Porque mira que me extraña.
- Ya cansa un poquito esa pregunta ¿No crees?
- Yo lo único que quiero que sepas es que no me va a molestar en lo más mínimo porque cada uno somos libres para hacer lo que nos plazca. Hombre, me parecería un poco fuerte que ya estuvieras con otra seriamente, porque lo hemos dejado hace dos días como aquel que dice. Sólo me gustaría que pudieras contar conmigo para todo. Eres la persona que más cerca tengo de mí, conoces mis virtudes y mis miserias y has significado tanto para mí que no quiero perderte. Creo que hemos aprendido tanto el uno del otro que no merece la pena separarnos después de todo esto. Lo que daría yo por haberte conocido en otra situación...
La cosa se estaba poniendo demasiado dulce y bonita, así que finiquitamos y nos fuimos al Passion, un bar bastante cutre por muy romántico que sea su nombre. Era como volver seis meses atrás, cuando yo tenía la fe de que era el amor de mi vida y que lo nuestro tenía que dar sus frutos. Me sentía tan seguro de todo esto que yo llevaba el mando de la relación, era el que la hacía levantarse cuando todo se venía abajo y estaba siempre allí cuando más me necesitaba; era el que le decía que tenía un tipazo cuando se empezaba a notar tripita, el que la sorprendía con una caja de bombones en sus días de regla y el que se tiraba una hora en el Metro para ir a verla en las noches en que no podía dormir. Tanto dar sin condiciones no es nada bueno, ella acabó acomodándose a la situación y al mínimo bache que tuvimos perdió la ilusión por todo. Esa noche estaba siendo tan especial que era feliz simplemente estando a su lado, sin esperar que pasara nada: simplemente con ganas de darlo todo porque entre los dos quedara un buen recuerdo y poder llevarnos bien a pesar de haber tenido un contacto tan áspero en los últimos tiempos.
- Bueno, yo creo que eso puede ser... ¿Y tú? ¿Estás saliendo con otro?
Por enésima vez me dijo que el trabajo le quitaba todo el tiempo del mundo para tener una relación formal, pero claro, ella sale los fines de semana y yo sí que no puedo conocer a nadie porque ya no voy a poder salir por ahí. Me cuenta que, sin embargo, una vez, cuando salió con sus amigos gays-guays por locales de ambiente, le presentaron a un pintor que le cayó especialmente bien y acabó con él en su estudio. Me dice que se liaron, pero que no pasó nada más porque iban bastante perjudicados. Yo me cago en todos los putos pintores, poetas, cansautores y demás gente del mundo bohemio que se ganan a las tías con su labia y parecen ir con buenas intenciones cuando en el fondo lo que quieren es trajinárselas. Yo me considero un poeta bueno dentro de lo que cabe y nunca he tenido que ofrecerle la luna o dedicarle ningún poema a ninguna tía para tirármela, simplemente me he mostrado tal y como soy. No me quiero ir por los cerros de Úbeda, a la semana siguiente quedó con él y el tío le presentó a una amiga francesa, otra de estas pseudobohemias que van con la boina de lado y resultan maravillosas a base de su pose. Estuvieron tomando unos cócteles en un bar y en un momento determinado el tío le hizo la cobra a Telma para robarle un beso, pero ella se apartó. El tío, viendo su negativa, atacó a la francesa y ésta sí que cayó en la tentación. Ante el asombro de Telma, los dos le propusieron hacer un trío, pero a ella no le iba la idea y decidió marcharse del sitio. Todo esto acabó, siempre según palabras de Telma, en un par de mensajes del tipo queriendo verla otra vez y ella sin ganas de volver a saber de él.
Aunque yo pensaba que noticias así me iban a partir el corazón en el momento de conocerlas, sorprendentemente no me afectó en sobremanera. Me pareció un hijo de puta como antes he dicho, pero ante la evidencia no se puede luchar, y Telma es una chica pero que muy atractiva y se gana rápido a la gente. Si a mí, con lo selectivo que soy para estar con una tía, me caló hasta los huesos, me resultaba hasta extraño que tres meses después de haberlo dejado no hubieran caído más tíos.
En el Passion no empeoraron las cosas. De pronto sonó Dancing Queen de los ABBA, como sonaba cada domingo por la tarde cuando estábamos allí mientras el camarero locaza se ponía a cantarla con un micrófono en la mano. También en esa época la tenía una profesora que me caía muy bien en su móvil, y en definitiva, aunque sea ridícula hasta decir basta, esa canción simbolizaba una época en la que yo había sido realmente feliz. A cuento de esta canción empezamos a hablar de las canciones que nos recordaban el uno a el otro y sacamos para hacer por lo menos un disco. Salió a colación el concierto de Pablo Motos (del cual hablé en uno de mis primeros posts), su estado de shock cuando me vio con otra (me confesó que estuvo varios días de bajón pensando que nunca volvería a estar conmigo, pues creía que estaba con Azucena), mi miedo a que pensara que había ido con esa chica para darle celos (realmente fue así en parte) y todo el lío que se montó en esa noche.
- Tío, me encantaría liarme contigo esta noche, pero sé que si eso pasara podría mandar a la mierda nuestra amistad, y te quiero tanto que yo no quiero que eso pase.
Ya estaban silbando las balas a mi alrededor. No era la primera vez que me lo decía, por eso yo ya me había convertido en un convidado de piedra y no me llegaban a estimular sus indirectas pretenciosas. El Passion cerró, estábamos al lado de mi casa, ya era la una y media de la madrugada y ambos teníamos que trabajar al día siguiente, pero ella propuso ir al Absenta. Me repito más que el gazpacho, pero si hay un bar que podríamos catalogar como "el nuestro", era ése. Música de la Movida nos llevaba atrás en el tiempo sin dejar el presente, cantándonos las canciones al oído ya estuviéramos sentados, bailando abrazados o moviendo las caderas de una manera más alocada. De las cervezas de la cena y del vino de la casa del Passion pasamos al ron con cola. Y al día siguiente teníamos que trabajar. Salió una canción con la cual había hecho yo un videoclip a un amigo en el que salíamos cantando en playback hasta un total de 38 de sus amigos porque se iba de erasmus y a veces caía en ciertas depresiones y pensaba que realmente nadie le quería. Ese videoclip (Que el tiempo no te cambie) venía a darle fuerzas para el erasmus y a su vez servía como recordatorio para decirle que éramos muchos los que nos sentíamos sus amigos y le queríamos. Recordábamos los dos esa anécdota entre risas.
- Qué bueno que eres, cariño.... uy, perdón por llamarte cariño, es la costumbre...
Al menos reconocía que malo, lo que se dice malo, no era. Pero vamos, no me sirve de mayor consuelo que me haya dicho en un pasado que nunca se había sentido a sus 33 años con nadie tan bien como conmigo (y ha tenido más de una y dos relaciones largas), que nadie la había tratado tan bien como yo, que conmigo se había planteado por primera vez que el amor podía ser para siempre, que nadie había tenido tantos detalles con ella ni la había soportado tanto como yo... ¿De qué sirve escuchar eso, si al final nuestra eternidad duró lo que dura un embarazo? Para rematar la noche, salió nuestra canción:
Como podéis escuchar, no es una canción de amor ni de desamor ¿Por qué era nuestra canción? Porque nos encantaba, porque es de un grupo que sólo sacó un disco y que casi nadie conoce, por lo que nos extrañaba al uno que el otro la conociera y viceversa, y porque la cantamos juntos a grito pelado en el salón de su casa hasta la saciedad. Encima, para más inri, era la primera vez que la escuchábamos en un bar, no en casa ¿Una señal del destino o puta casualidad? Daba igual, ya estábamos en éxtasis y bailábamos como en los ochenta en un Absenta semi-vacío como era de esperar un miércoles de madrugada.
- Sé que no podemos, pero me muero de ganas de liarme contigo. Fréname, que tú eres más maduro que yo...
Me he saltado una segunda vez que me lo dijo, no me acuerdo en qué punto de la noche fue. Ya me lo había dicho tres veces y se nos estaba yendo todo de las manos. Estaba ya un pelín perjudicada por la bebida y decidió sentarse en un sofá. Yo iba a por otras dos copas para los dos y me avisaron que el bar cerraba en breve, así que pillé una para compartirla. Me acerqué al sofá y me senté junto a ella.
- Hey ¿Estás bien?
- Sí, tranquilo...
La chica de ayer sonaba en sus primeros compases, señal de que el bar cerraba. Ella me abrazó fuertemente.
- Qué bien me lo he pasado esta noche, Sele...
Y de pronto empezó a juntar sus labios con los míos... cada vez los tenía más cerca.
- Por favor, Sele, fréname, que tú eres más maduro que yo... que me muero de ganas de liarme contigo....
¡Tócate los cojones! Joder, diciéndome eso al oído, notando su aliento... joder, que yo tenía un escudo toda la noche y no me afectaban los misiles que me estaba lanzando, pero es que eso ya era demasiado. Estaba empalmado. Y claro, juntar sus labios con los míos y empezar a comernos la boca apasionadamente fue la misma acción. Parecía que fuéramos a aparearnos allí mismo.
¿Se puede denominar a eso enrollarse? No fueron ni cuatro besos, fueron dos antes de que cerrara el bar. Y claro, una vez cometido el pecado viene el arrepentimiento. Me estuvo pidiendo perdon por haber sido tan impulsiva, pero no me jodas, que uno no es de piedra y se da cuenta a estas alturas de lo que sigue sintiendo a su pesar. No me moló nada la situación, volver a los vestigios del pasado cuando por una parte de las dos hoy día no va a volver a ser nada como antes, pero soy más blando que un Sugus y le resté importancia al asunto al ver que me pedía perdón.
No hace mucho supernova me comparaba con ella al decirme que yo era un calendario con patas y así fue. Tuve que llegar a mi casa y mirar en mi calendario de casillas de 2008 donde tenía apuntados todos los días que pasé junto a ella y las cosas que hicimos para darme cuenta que sí, que otra vez el destino se volvía a repetir un año después: precisamente fue en un puto San Fermín cuando nos dimos nuestro primer beso tras una temporada de incertidumbres y de miedo a cagarla por mi parte, y fue nuevamente un 7 de julio cuando volvió la chispa de la pasión a nuestra acera, quién sabe si para ser culminada con el último beso.
Al día siguiente quedamos para comer juntos en un restaurante bastante chic del centro de Ardid. Por la tarde estuvimos mandándonos mails de coña al correo del trabajo únicamente para saber el uno del otro, pero ahí acabó la cosa. El viernes me llamó para tomar una cerveza por un libro de una rueda de prensa que le había regalado, pero al ver que la cervecería de toda la vida estaba cerrada, me mandó un sms explicándomelo y diciendo que se iba a su casa (¿Alguien lo comprende?). El domingo estaba yo solo en la redacción y la llamé a su casa para ver si comíamos juntos, pero me dijo que ya estaba preparándose la comida.
A pesar de lo vivido en estos últimos días, tengo la constancia de que no volveremos a estar juntos, al menos en estos tiempos que corren. A cambio, he ganado un paso atrás de tamaño XXL. A la mierda toda la semana de reflexiones en la playa, toda la terapia de shock y todo el pim pam pum: vuelvo a estar jodido por Telma. Y como dice nuestra canción: No sé cómo voy a escapar... hoy, más que nunca, necesito vuestro consejo...
El primer día de prácticas pasó relativamente rápido. No sé ni por qué nos citaron a las 10 de la mañana a todos si no sabían ni siquiera en el puesto en el que nos iban a colocar. No había sala de espera alguna, tan sólo estudios de grabación y emisión y una redacción interminable. Así que hasta la 1 de la tarde no teníamos nada que hacer y me metí junto con un par de compañeros de la universidad al estudio del programa matinal. Es mi programa favorito de la emisora, pero tenía un sueño que se me cerraban los ojos cada dos por tres y me estaba quedando dormido en el asiento. Menos mal que era un programa de radio y no de televisión, porque si no hubiera salido en todos los programas de zapping, imagináos la escena.
Como ya he dicho, a la una nos llamaron a una sala de reuniones y nos asignaron a cada uno el espacio en el que íbamos a estar durante la beca. Lo único que yo quería era que no me tocase el turno de noche, de 0:00 a 9:00. Por suerte no me tocó ese turno, pero tampoco me tocó de los mejores. Al final estoy en la sección de informativo local de jueves a domingo de 10:00 a 20:00. Como ya he comentado en anteriores posts, se han cargado mis fines de semana de los próximos ¿2 meses? ¿6? ¿9? ¿un año? ¿2 años?. Todo ello dependerá de ellos, del tiempo que quieran que siga y si paso a otro programa o no.
Total, que ese día se hizo un pelín coñazo; se basó principalmente en las presentaciones con los jefes de departamento, los compañeros de plantilla, las secciones... hasta la hora de la comida. Después por la tarde estuvimos aprendiendo a utilizar el programa de edición de noticias, el de edición de sonido, consultar los teletipos de las agencias... la jornada podría resumirse de esta manera.
Quedaba algo pendiente: llamar a Telma. Ganas, las mínimas, pero ella fue la que en su día entregó mi currículum vitae en el departamento de RRHH. Ella conocía a la chica del departamento y por eso no sé hasta qué punto influyó en que yo acabara entre los 30 elegidos de un proceso de más de 300 personas apuntadas. Me lo curré como nunca para entrar aquí, pero no sé si Telma influyó en ello. Esta es la razón por la que moralmente me veía obligado a comunicarle que ya estaba allí. Incluso la propuse invitarla a cenar si acababan cogiéndome en la radio, pero eso fue en febrero, cuando entregó el CV y éramos tan felices; desde entonces ha llovido mucho, incluso ha diluviado...
- ¡Qué guay! Me alegro un montón tío. Si quieres quedamos luego y tomamos una caña por ahí para celebrarlo...
Demasiado buen rollo veía yo ahí. No tenía nada que perder, pues había quedado por la noche con Clara, una amiga de mi clase, para ir a un conciertillo, así que a lo sumo iba a estar un par de horas con ella.
La tarde no empezó con el mejor pie por su parte. Estuve cerca de media hora esperándola porque tenía que imprimir ciertas cosas para la declaración de la renta. Un fugaz "perdón por el retraso" sirvió para cambiar de tema tajantemente y seguir como si nada hubiera pasado. No llevábamos ni un minuto hablando y vino el primer hachazo:
- Si no te importa, quítate las gafas de sol, porque me parece de muy mala educación estar hablando con alguien sin poder mirarle a los ojos.
Cómo dolió. No tuve ni palabras para contestar, así que lo más contundente que encontré fue quitármelas sin reprenderla ni pedirle explicaciones. Llevábamos un par de minutos hablando en la puerta del edificio cuando bajó su compañera de curro y amiga Eusebia. Estuvo hablando un rato con nosotros ¿Y sabéis cómo lo hizo? Sin quitarse las gafas de sol. Claro, que a ella no le dijo nada por mucha confianza que tuvieran. No tenía cojones. Acababa de empezar la tarde y ya tenía ganas de irme.
Estuvimos dando una vuelta por el centro, contándonos un poco de nuestra vida contándome su vida, como casi siempre: ella se ponía a contarme sus penas y alegrías porque yo le preguntaba, pero a ella no le importaba mucho mi vida y yo únicamente me limitaba a acompañar sus comentarios con movimientos afirmativos de cabeza. En poco más de una hora me contó nuevamente lo jodida que estaba con su puesto de trabajo, las ganas que tenía de buscar uno nuevo y los pocos sitios que habría donde la pagaran tanto, el fin de semana que se iba a tirar con la niñata Eusebia y sus amigas en la playa, la semana que se iba a coger de vacaciones en Malta con su amiga Rosario y otros amigos gays-guays y la cantidad de dinero que tenía para mirar un pisito en el centro. Poco después, buscando una terraza por Alimaña donde estar tranquilos, nos encontramos con su amiga Dolores. Venía de hacer la compra y estaba cargada, por lo que no estuvo más de cinco minutos con nosotros.
- Dolores: Hey Sele, te veo súper moreno.
- Yo: Ya ves, es lo que hace una semanita en la playa.
- Telma: ¿Has estado en la playa? No me habías dicho nada...
- Yo: Ya, cómo sólo estabas hablando tú y no me has preguntado, pues no he podido decírtelo.
Hachazo doble, delante de su amiga, éste dolía más. No sé si Dolores vio que se caldeaba el ambiente, pero cogió sus bolsas, nos dio un par de besitos y se marchó. Quedaba una hora para mi quedada con Clara y ya se me estaba haciendo larga la tarde.
Una vez en la terraza, las palabras surgieron a cuentagotas. En ese momento me llamó Clara para decirme que llegaría media hora más tarde. Estuve sus cinco minutos hablando con ella con risitas malévolas para desesperación de Telma, que no sabía qué chica estaba al otro lado de la línea y le estaba jodiendo la espera. Al terminar la conversación, ella, orgullo por personalidad, no me reprendió nada y siguió con su tema. Estaba feliz porque su hermana se iba a casar el año que viene, pues tras varios tropiezos amorosos estaba segura de que había encontrado al amor de su vida.
- Yo creo que, al igual que mi hermana, todos tenemos por ahí a nuestra media naranja.
- Yo también lo creo.
- ¿Sí?... ¿Estás con alguna por ahí?
- No... pero ¿Por qué me preguntas eso con tanta asiduidad?
- Pues... simplemente por curiosidad...
Ya os lo comenté hace poco, la maldita carrera de la felicidad cuando una pareja se rompe, ver quién es más feliz o vuelve a encauzar su vida amorosa lo más pronto posible. Ella me veía bien y le jodía, creía que me traía algo con la chica de la llamada, con la que fui al concierto de Pablo Motos o vete tú a saber con quién. Disimulaba muy mal y a mí me gustaría ser un pelín mentiroso de vez en cuando y decirle que sí, que estoy de escarceo por ahí con alguna, pero me parece patético jugar con esas cosas.
Como iba sobrado de tiempo, la acompañé un poco a su casa. En la rotonda donde tantas veces nos hemos despedido volvió a sacar su tema de conversación preferido:
- Oye ¿por qué no te pasas por casa y te llevas tu ropa?
- Joder, cómo estás con la ropa, tía ¿Cómo coño me la voy a llevar al concierto?
- Vaaale... pero imagínate que viene un chico a dormir a mi casa y ve tu ropa interior ahí ¿Qué le digo?
No le reí la gracia. Ya me había cansado de esa tarde. Todavía quedaban 30 minutos para ir al Metro a buscar a Clara, pero prefería estar solo que con esa compañía ¿Y voy a tener que soportar a esta tía los próximos meses a la fuerza? Se espera un verano con temperaturas de más de 40º y uno de los más largos de mi vida... por no decir el más largo...
Con esto de que estoy a dos asignaturas de terminar mi segunda carrera y que a mis 25 años (esto va por xikita, que me preguntó la edad) ya estoy moralmente agotado para hacer un master, un posgrado o lo que te quieran vender con la excusa de llegar más lejos en la vida, me estoy tomando estas prácticas como el comienzo del comienzo de una nueva vida. Nada más lejos de la realidad, pues nos están metiendo una paliza como si fuéramos periodistas de contrato, y las jornadas de trabajo oscilan entre las 10 y las 12 horas diarias; aparte de todo esto trabajo todos los fines de semana, han acabado con mi vida social y todo ello por 300 euros mensuales, toda una ganga para ellos. El lado positivo es sumergirse de lleno en el maravilloso mundo de la radio, un trabajo precioso a la par que comprometido. Sólo el tiempo dirá si yo he nacido para esto o no.
Lo duro no sólo se queda en el irrisorio sueldo, sino en la condición de becario a ojos del resto de la empresa (y los que no son de la empresa). Para muestra, cuatro situaciones en la primera semana que he estado allí:
1) En el control de seguridad:
- Perdon ¿me puede abrir el torno para pasar? Es que aún no tengo la tarjeta de acceso.
- A ver, becario, enséñame tu DNI y a ver si les dices a los de arriba que te den la tarjeta cuanto antes, que el ordenador este va a patadas y tardo un huevo en localizarte.
2) En la cafetería. Comentario de fondo:
- Joder, si ya se hace insoportable estar en esta cafetería tan pequeña con todo el calor, ahora nos meten a 50 becarios que se nos cuelan cada dos por tres. Hay que joderse.
3) Llamando al servicio informático:
- No me funciona el Outlook.
- Dime tu nombre y apellidos para poder operar con tu ordenador desde mi puesto.
- Sele.
- Pero tú no apareces en el listado de usuarios ¿eres becario?
- Sí...
- Joder, pues no puedo meterme en tu sistema operativo desde aquí. Espeeera (resoplando), que en diez minutos subo y te lo arreglo.
4) Siendo cortés con la señora de la limpieza:
- Buenas tardes.
- Cómo se nota que eres becario. A ver si cuando cobres tu sueldo aquí sigues dándome las buenas tardes o me vuelvo invisible de repente.
Tremendo, para escribir un manual de supervivencia para becarios. Por contradictorio que parezca, mi jefe es todo lo contrario, se porta bastante bien con todos los nuevos y nos da toda la libertad de ejercicio que siempre me dijeron ex-becarios que nunca iba a tener en este sitio.
A estas alturas, en mi segunda semana de curro, ya empiezas a conocer a más gente, incluso a los famosillos de las ondas, pero es verdad que la gente se va con los de su status social, mayormente. A pesar de todo, me encanta lo que estoy haciendo. Me dan responsabilidades dentro de lo que cabe, estoy en el centro de Ardid y salgo mucho por la ciudad a hacer reportajes y noticias. La perfección de este panorama tan idílico se estropea cuando me encuentro a Telma casi a diario, ya sea al entrar, en el ascensor, en la cafetería, al salir a fumar o al terminar la jornada laboral. Como ya adelanté dos artículos atrás, trabaja en el mismo edificio en el que yo hago las prácticas, tan sólo dos plantas más abajo. Primero fuimos conocidos, luego amigos, después rollos temporales, más tarde novios, finalmente ex-pareja quequieretratarseconnormalidadcomosinadahubierapasadoyresultaquehayascuasdelpasadoqueaúnqueman y en la actualidad vecinos de curro. ¿No querías sopa? Pues toma dos cazos.
Antes de nada quisiera disculparme por llevar casi un mes sin dar señales de vida por aquí pero es que, aunque suene contradictorio, durante el verano estoy teniendo aún menos tiempo libre que durante el curso y cuando llego a casa únicamente tengo ganas de cenar e irme a dormir. Es por ello mayoritariamente por lo que no escribo últimamente por aquí. Otra causa es que me han pasado dos o tres anécdotas dignas de ser contadas y no sabía por donde empezar; pero hoy, que tengo el día libre, empiezo por contaros lo que ha sido de mí en éste último mes:
Justo el día después de escribir mi último artículo cogí un autobús en dirección a Navalmar. Tres días antes me había enterado que el apartamento de mi tía iba a estar deshabitado esa semana y no me lo pensé dos veces: llevaba cuatro años sin pisar la playa (salvo un día el año pasado que estuve de paso con los colegas) y el partamento de mi tía es casi imposible encontrarlo vacío, pues tiene 6 hermanos y cada uno se pilla una semana o dos cada verano para ir allí con su familia.
Veía necesaria e imprescindible esa semana de soledad y reflexión. En los últimos tiempos he visto que necesitaba demasiado de mis más allegados y ellos me necesitaban a mí en todo momento. Sentirse tan necesitado y a la vez tan necesario te hace caminar con pies de plomo en todo momento, pensando más en los demás que en ti, no realizar nada que te guste sin asegurarte con anterioridad que no vas a hacer daño a nadie con ello. Estaba harto de ese luto que provocaba la desaparición de una persona de mi entorno más cercano (ya sabéis a lo que me refiero). Estaba cansado de tener un hueco en el que atrincherarme, depender de un correo electrónico o un número de teléfono móvil en el que estar disponible cada vez que a cierta persona se le antojara saber de mí. Definitivamente necesitaba desaparecer por completo de mi sitio, aunque una semana después todo volviera a ser igual, pero merecía la pena esta escapada.
Así que en esa semana, redundo, estuve tan sólo yo conmigo mismo. El móvil lo encendía únicamente por las noches para comunicar a mi familia que me encontraba bien, nada más que para eso. En esos siete días tan maravillosos anduve más que en lo que llevamos de año; escribí todo lo que hacía tiempo que debería haber escrito; hice fotos maravillosas de lugares en los que no había estado nunca; reí y lloré tan sólo acompañado por mí mismo (aún arriesgándome de que la gente de la calle pensara que estoy algo colgao); no conocí a nadie nuevo porque quería terminar de conocerme a mí. Escuché, por primera vez en muchos años, los latidos de mi corazón.
Los siete días pasaron volando, parecía que sólo hubieran pasado tres. Tras esa semana de playa, piscina, pueblo y campo, Córcholis se me antojaba bastante incómodo para pasar una semana sin hacer absolutamente nada, así que me planteé ir a hacer una visita a una amiga de Revilla que conocí en el erasmus. Pero fue mirar mi cuenta bancaria y comprender que el dinero folla menos que yo en los últimos meses y no se reproduce, y que abandonar mi trabajo como profe de inglés en un colegio para afrontar con fuerzas mi último cuatrimestre universitario también tiene consecuencias negativas: llega el verano y estoy a dos velas, esperando a cobrar mi primera mensualidad de la beca de prácticas (300 míseros euros por una jornada de 40 horas semanales) para ser un poquito más independiente. Así que esa semana, antes de comenzar en la radio, la dediqué a tomar ejemplo del chaval del anuncio de Fanta y hacerla productiva de la manera más free posible: me metí en el eMule y me bajé el Adobe Premiere, el Dreamweaver, sus respectivos tutoriales y un curso interactivo de francés. Decidí dedicar el poco tiempo libre que iba a tener este verano a formarme y culturizarme el máximo posible sin dejar de lado las dos que me quedan para septiembre. Pero ya sabéis que el que mucho abarca... se echa atrás tras una semana de prácticas agotadora. Ahora trabajo desde la mañana hasta la noche de jueves a domingo. Me han jodido los fines de semana no se sabe por cuánto tiempo (porque en este sitio puedes estar de becario hasta dos años) y los tres días libres que me quedan los dedico a tocármelas bien tocadas hasta que me canse de la monotonía y los aproveche en cosas más productivas.
Tendría que hablar de cómo han ido las cosas en los primeros día de prácticas, el reencuentro con Telma tras esa maldita noche, la vuelta a la vida de personas olvidadas del pasado y otras tantas cosas más, pero todo a su tiempo. Lo bueno -y lo malo, por desgracia- se hace esperar.
Hay veces que pienso que necesito cierta distancia de cosas que es mejor aparcar por un tiempo, pero es que cuando tomo la iniciativa y decido dejarlas de lado, vienen ellas a mí.
Ayer fue la cena de fin de carrera con mi clase. Fue una noche memorable, y es que por primera vez desde que nos conocemos estuvimos tantos de nosotros juntos fuera de clase. Hasta 32 personas llenamos un salón del restaurante. Hay planes que comienzan de lo más tranquilo y acaban siendo más animados, pero éste empezó de una manera alocada y terminó yéndosenos de las manos al final de la noche. La explicación a todo esto está en el precio: por 12€ tuvimos barra libre de cerveza, sangría, kalimotxo, refrescos y comida típica de taberna (oreja, croquetas, tortilla de patata, chorizo a la sidra...). Si a todo eso bien regado le sumamos las ganas de cachondeo del servidor, podéis comprender que acabáramos subidos a las sillas bailando y el camarero pidiéndonos moderación cada dos por tres.
El restaurante estaba en el centro de Ardid, pegando al barrio de Alimaña, y el barrio de Alimaña en mi callejero está marcado como Territorio Dagger (entiéndase como Territorio Dagger los lugares que no puedes pisar por peligro a encontrarte con tu ex):
Yo propuse otros sitios para salir aunque me encantase ese barrio, pero en un sistema de democracia ganó la mayoría absoluta y acabamos en el Absenta. El bar al que íbamos ella y yo cada sábado ¿Razones por las que fuimos allí? Es gratuita la entrada, ponen buena música y es lo suficientemente grande como para que quepamos todos allí. Por suerte no la vi y me desentendí de todo lo que ese bar significaba para mí, y estuve con mis amigos pasándomelo como pocas veces. En el ambiente se notaba ese colegueo y a su vez un poco de nostalgia, pues no sabíamos si alguna vez volveríamos a juntarnos como aquella noche.
El caso es que avanzó la noche y la gente pedía cambio de aires, así que cambiamos de bar y de barrio, aunque sin separarnos del centro. El problema en Ardid es que a determinadas horas ya sólo quedan abiertos cuatro bares y te clavan por la entrada al mismo. Muchos se estaban debatiendo entre quedarse o irse a casa, ya empezaban las primeras despedidas. En ese momento sonó mi móvil ¿Algún rezagado que se había perdido y no había llegado al bar? No, Telma.
- ¡Hola! Te he visto antes en el Absenta ¿Por qué no me has saludado?
- Ah, pues es que no te he visto, la verdad.
- ¿Dónde estás? Yo es que he quedado con Rosario y Jorge, pero ya se han ido para casa y yo quiero seguir un poco más de fiesta.
- Pues yo estoy en Tuertas con la gente de mi clase.
- Ah ¿Y yo puedo ir?
Y yo, que nunca sé decir que no, le dije que sí que podía. En otro momento tal vez me hubiera apetecido quedar con ella, pero esa noche me lo estaba pasando tan bien que algo me decía que se podía chafar todo. Veinte minutos después nos vimos en una plaza donde habíamos quedado. Me había llamado para decirme que fuera ya porque no paraban de acosarla los tíos al verla sola y se estaba sintiendo un poco violenta. No tuve más remedio que acelerar un poco, estábamos a esas horas en que está todo el pescado vendido, el alcohol en su etapa de mayor efecto de toda la noche y los tíos van a por todas.
De vuelta a la discoteca vi que la inmensa mayoría se había ido a su casa, ya sólo quedaban siete personas de la fiesta. Ya empezaba a joderse todo, pero una vez dentro fue peor. Mientras yo intentaba compaginar estar con mi gente y a la vez con ella (ante todo soy un tipo legal y no le iba a hacer el feo de dejarla sola) la entraron hasta cuatro tíos en 15 minutos. Había ido a por nuestras copas y al volver ella estaba hablando con uno. Estuve cerca de dos minutos a ver si le mandaba a la mierda despachaba, pero como no fue así, me acerqué a darle su copa.
- Desconocido Listillo: Uy, lo siento, tío, ya te he visto que llevabas un rato dudando entre venir y no venir...
- Telma: Tranquilo, si SÓLO somos amigos.
Golpe directo a la mandíbula. Ni lo vi venir. No había dicho ninguna mentira, pero el tacto se lo había dejado en la oficina ese día. Vale que seamos amigos, pero ese SÓLO sobra. Me sentí menospreciado y por primera vez entendí lo que hace tiempo me decían mis amigos:
Lo peor del amor es cuando se termina. Todo esto se convierte en una competición entre los dos miembros de la pareja rota por ver quién rehace más rápido su vida o por ver quién es más feliz que el otro. Tú con ella ya no tienes nada, no le debes ni te debe nada. Pero te jode a morir cuando de pronto ves a tu ex con otro, sobre todo cuando tú aún no tienes nada. Si tú tienes piva y la cosa te va bien, no pasa nada porque ya no te afecta la vida de tu ex, pero ¡Ay, amigo! Como veas que ella ha rehecho su vida o ves que le van las cosas mucho mejor que a ti, ahí sí que lo llevas jodido. Lo peor en esos casos es forzar la máquina y buscar desesperadamente un repuesto a esa carencia, pero es lo que solemos hacer todos por naturaleza.
Esto es así de claro, tanto para tíos como para tías, y el que diga lo contrario, miente. A los cinco minutos el chaval desapareció de allí. Nos tomamos la copa y ella decidió irse a casa.
- Pero es que no sé cómo salir de este barrio ¿Me acompañas?
Patético es poco para definirme, pero resultaría borde decirle que se comprase un GPS la próxima vez. Coño, que yo soy de Córcholis y ella ya lleva tiempo viviendo por el centro de Ardid, debería conocer un poquito su zona. La acompañé 300 metros hasta que ya supo guiarse por una plaza que visitábamos antaño. Encima de un bar salía a la calle la música atronadora de una canción que me trae por la calle de la amargura en los últimos tiempos por el mensaje: You were always on my mind, de los Pet Shop Boys. Sobra la traducción.
- Bueno, pues a ver si quedamos otro día y hablamos largo y tendido, mejor que hoy... y así te devuelvo la ropa que tienes en mi casa.
Joder Me cago en la puta de oros. La que siga el blog desde sus comienzos sabrá que no es la primera vez que hace referencia al tema de la ropa y su obsesión por devolvérmela, ya van como cuatro veces. Total, toda la ropa que tengo en su casa son unos calzoncillos y un par de calcetines que tenía siempre allí para cambiarme los fines de semana que me quedaba allí y no pasaba por mi casa. Un puto calzoncillo y unos putos calectines entre más de cincuenta camisetas, cincuenta bragas, diez abrigos, un baúl lleno de zapatos y zapatillas y otras tantas decenas de pantalones. Estoy segurísimo de que mis pertenencias le estaban quitando todo el espacio del mundo en su inmenso armario. Por enésima vez le dije que cuando quisiera quedaríamos y me los daría, pero que si tanto le molestaban los podía tirar a la basura, que no me iba a morir por perder tantas cosas. Ya me podría devolver la cantidad de DVDs, discos y libros que le he dejado, que eso sí que debe ocupar espacio y nunca le he oído decir que le molestaran.
Se marchó de la plaza y me tuve que sentar en un banco porque me sentía un pelín mareadillo. Cinco minutos después pasaron dos compañeras de clase para decirme que todo el mundo se había ido a casa. Para qué quería más. Las acompañé hasta la parada del búho y una vez allí pensé cómo coño iba a volver a Córcholis a esas horas. Sería el efecto del alcohol o vete tú a saber qué, pero llamé a Telma para preguntarle si me podía quedar a dormir en su casa y me dijo que sí. 300 metros después, camino a su casa, me arrepentí de lo que iba a hacer y decidí hacer una visita a mi padre, que vive también por el centro de Ardid y llevaba tiempo sin quedarme a dormir allí.
Llegados a este punto, veo que siempre que tengo noticias de Telma acabo jodido todo el día y los dos días siguientes como mínimo, así que veo que lo mejor sería dejar de saber de ella por una temporada. Pero por otra parte el maldito orgullo puede conmigo y me veo incapaz de decirle todo esto a la cara. Sé cómo es ella y creo que en el fondo le gustaría eso, que yo estuviera jodido por lo nuestro, aún teniendo la seguridad de que no volvería con ella. Así que la decisión salomónica es no hablar con ella de quedar y quedar únicamente si sale de ella, si me llama y me dice que quedemos. Nos guste o no, este verano nos vamos a ver las caras más de una vez porque voy a hacer mis prácticas en su mismo edificio, dos plantas por encima de ella.
Hoy toca día de reflexión. Hace justo un año que nos conocimos y es en momentos así cuando te das cuenta cuánto y cómo cambia la vida de un año a otro.
Siempre quise pasar desapercibido por aquí. Esto fue creado para ser mi voz interior, aquello que no te atreves a decir a la gente que te rodea por decoro. Quise que esto fuera lo más sincero posible, verdades como puños, con el fin de saber qué haría en mi lugar la gente que no es como yo y no me conoce de nada.
Por esa razón creé este blog o, mejor dicho, el otro blog. Una condición sine qua non para mantener el anonimato con respecto a mis alrededores era no decir NUNCA ningún dato relevante, ningún nombre propio. De ahí que aquí no se llame a las cosas por su nombre, toda persona o lugar está tratado bajo un pesudónimo que fonéticamente se parece a su nombre real.
La estrategia era perfecta, por fin iba a tener un sitio donde desahogarme tranquilamente sin tener que dar explicaciones a nadie acerca de mi comportamiento. Todo el mundo era tratado bajo un pseudónimo... excepto yo.
Ahí radicaba mi error. Había utilizado mi propio mote para titular el blog. Un poco más gilipollas y no nazco. Conocí a un chico, _joey_, que tenía un blog en secreto y por ser un pelín pardillo acabó leyéndoselo la novia y enterándose de un mundo muy distinto al que le pintaba el chavalote: que en realidad no estaba enamorado de ella, que le ponía los cuernos cuando podía, que tiraba los trastos a otras... un desastre de chaval que al final fue pillado. Razón por la cual dejó de escribir en el blog y nunca más se volvió a saber de él.
Mi anterior blog fue eliminado el martes pasado más o menos por esta razón. Malena, la amiga con la que estuve el sábado de fiesta en Estafe que le molo, es bastante fan de mí. Fue la primera en enterarse cuando me hice un Tuenti, cuando me hice un Facebook, cuando me cambié de cuenta de Messenger, se enteró de un blog literario que tenía... todo esto sin decirle ni una palabra ¿Cómo lo hace? ¿Tiene abierta una investigación acerca de mí? ¿Está todo el día buscando información por el Google?
Y claro, en mi último artículo fui muy sincero acerca de mi relación con ella, tanto para lo bueno como para lo malo (aunque realmente no puse nada malo o hiriente). El acojone llegó cuando, a las pocas horas de publicar mi último post, me empieza a hablar insistentemente por el Messenger preguntando si estaba. Mi reacción más inmediata fue buscar la palabra clave en Google (D*lg*d*t*). Ahí estaba mi blog, en la octava y novena entrada de la primera página. El segundo paso era deshacerse cuanto antes del blog, por lo que me metí en la base de datos y le di a eliminar, no sin antes ver la solución alternativa: había una opción para mudar tu blog a otro dominio haciendo una copia del contenido en tu disco duro ¡Yujuuuu!
Con el blog eliminado, seguían asaltándome los miedos: puede buscarlo en la memoria caché, desde Google es muy fácil, y ahí puede leer los últimos artículos... joder, no me reconozco, le doy demasiadas vueltas a las cosas... pero bueno, para quitarme todos esos pájaros de la cabeza, volví a abrir un blog con el mismo dominio y puse el videoclip que los visitantes de ese blog veis al meteros.
Ésa es la razón principal por la que no estoy allí y estoy aquí. Siento haberme ido sin despedirme, pero las circunstancias se dieron en un pequeño período de tiempo. Para los que queráis saber el final de la historia, finalmente no vio el blog. La insistencia se debía a que tenía un virus y mandaba correos en los que prometía fotos nuevas y era un troyano que te jodía el disco duro.
Esto es todo... por ahora. Acabo de terminar los exámenes y aún me queda cuerda para contar. Si quieres saber de mí... llámame Sele.